No todos los reinos nacen de la conquista.
Algunos ven la luz de una manera mucho más humilde.
Con unas pocas piedras.
Unas pocas ideas.
Mucha paciencia.
Y una extraña convicción: que todo viajero merece ser recibido como si hubiera sido esperado desde siempre.
El Reino de Gif-mania no fue construido en una sola noche.
Creció lentamente.
Al ritmo de los artesanos que perfeccionaban sus obras.
De los guardias que vigilaban las murallas.
De los viajeros que llegaban desde los cuatro rincones del mundo.
Y también de los errores.
Pues ningún reino aprende sin descubrir algunas grietas en sus murallas.
Los cronistas suelen contar las victorias.
Olvidan las dudas.
Los artesanos, en cambio, saben que las dudas son, a veces, las mayores lecciones.
Por eso este manuscrito es especial.
Las primeras páginas cuentan la historia tal como fue vivida.
Las siguientes revelan, discretamente, la manera en que las obras fueron realmente construidas.
El lector apresurado podrá conformarse con las Crónicas.
El artesano curioso abrirá también los Registros.
Cada uno encontrará aquello que ha venido a buscar.
Si, a lo largo de estas páginas, se encuentra con una bruja caprichosa, un archivero que nunca olvida nada, un hermano que ve las catástrofes antes que nadie, o un viejo conserje repartiendo cestas a los viajeros...
...no se sorprenda.
En este reino, todas las leyendas son verdaderas.
Simplemente han elegido llevar otro nombre.
